“Lo mejor que conocimos separó nuestros destinos, que hoy nos vuelven a reunir. Tal vez, si tú y yo queremos, volveremos a sentir, aquella vieja entrega”. Presuntos Implicados
miércoles, 19 de octubre de 2016
Volver (De cómo se viaja al pasado en una noche)
martes, 16 de febrero de 2016
La Voz
jueves, 1 de marzo de 2012
A la luz de Drexler
…la luz, el sonido, el olor, la alegría, la anticipación, el deseo, la ansiedad.
lunes, 5 de enero de 2009
2009
Sin embargo, los calendarios marcan hitos, señalan el transcurso del tiempo. Es increíble pensar que 2008 haya alcanzado para tantos eventos, emociones, encuentros, hallazgos, despedidas. Para la reunión semanal de almas afines que buscan crecer juntas y acompañarse en el camino con alegría, solidaridad y curiosidad mutuas hasta formar una hermandad entre gente en apariencia tan dispar y en esencia tan cercana.
Los deseos para el año nuevo son, entonces, los mismos que para cada día: vivir en conciencia, disfrutando del placer y el aprendizaje de cada día, descubriendo y gozando de las personas que pueblan nuestros días y recordando a las que han cruzado diversos umbrales y ya no están pero se las ama igual y se las tiene en un lugar del corazón, a veces doliente, a ratos brillante. Que el año traiga lo que tenga que traer, ni más ni menos y que los dioses nos den las herramientas que nos permitan enfrentar el afán de cada día, con valor, honestidad y amor.
Y sobre todo que no nos dejemos contagiar por los miedos dominantes y nos mantengamos en calma en medio de la tormenta, que hay, que viene, que no termina. Pero que no por ello nos olvidemos que la vida no es lo que se publica en los diarios y que nuestros pequeños mundos personales siempre están llenos de cosas mucho más grandes y valiosas: de la comunión con la vida en la forma de los logros de nuestros hijos (2008 es el año en que la princesa aprendió a leer sola), de las amistades que crecen y se refuerzan (dos de mis mejores amigos van a ser los padrinos del porotito en camino), de nuestras pequeñas conquistas personales en el mundo interior y la vida externa (cada uno tiene su pequeña victoria que registrar).
2009, ¡caramba!, es un año que llega señalado por el cambio, que anticipa su cuota de caos y tiene marcados sus eventos específicos así que al menos tenemos por seguro que no será un año aburrido. Y eso, ya es bastante decir. Los eventos suceden sin que a veces tengamos control sobre ellos, lo único que controlamos es la actitud, la respuesta, el enfoque. Ocupen su localidad, abrochense el cinturón y recuerden, it's just a ride!!!
jueves, 27 de noviembre de 2008
Dar Gracias
No voy a editorializar sobre algo que en realidad solo conozco a través de los medios. En cambio, me quedo con la esencia: dar gracias. Un día para dar gracias. Ayer hacía el recuento con la princesa mientras íbamos en el carro de regreso de una fiesta. Este año, como todos, tenemos mucho por lo que dar gracias: la casa nueva, el bebé que viene, la feliz adaptación de la niña a su nueva escuela, la gatita, la salud, el trabajo, los amigos.
¿No debería ser la gratitud una actitud permanente? A cada rato tenemos mucho de lo que estar agradecidos en muchos niveles, incluso sin llegar a detalles de estar vivos, respirar, tener un techo, tener trabajo, no estar solos. Le debemos no solo amor sino también gratitud por estar ahí y enseñarnos tantas cosas de ellos y de nosotros mismos a nuestras parejas y nuestros hijos. Tenemos que agradecer por el amor que la gente nos tiene, por las personas que han tocado nuestras vidas, por los momentos especiales. Por los que nos acompañaron por periodos mas cortos o mas breves y nos dejaron la herencia de un recuerdo, una enseñanza, una risa. Puedo ampliar la cosa y puedo dar gracias por Les Luthiers, por Mafalda, por cada uno de los músicos, pintores, escritores, cineastas que han tocado mi corazón y estimulado mi mente. Una vez que se empieza a expresar la actitud de la gratitud es difícil parar.
Todos tenemos nuestra constelación de héroes y heroínas: nuestros padres en toda su complejidad y su gloria; un maestro inspirador o una maestra inolvidable; una amiga que primero que nada, nos vio en nuestro pequeño rincón y se reconoció en nosotros; un amigo con el que tienes una conversación diaria o una plática eventual pero con el que compartes siempre cosas esenciales; los padres y madres prestados que te han dado amor, ejemplo, lecciones de vida; los empleados y colaboradores que nos hacen la vida más fácil con labores en apariencia sencillas pero importantísimas en descargarnos de tiempo y tareas. Está también el grupo especial, el círculo íntimo, ese que está para las alegrías y las dificultades, ese que dice "presente" de la manera en que saben y pueden y así, nos salvan la vida en muchas ocasiones. La familia del espíritu que se va agrupando en pequeñas comunidades.
Intentaré hoy y en privado, darles las gracias a algunos de ellos, muchos ya saben quien son. Pero intentaré sobre todo recordar y honrar aunque sea solo en el corazón a los que no siempre agradecemos, pero que sin embargo hacen parte de la trama del tejido de múltiples hebras de colores que es nuestra personalidad y nuestra alma.
Gracias a ti que me lees, gracias por lo que me aportas con tu mirada y en muchos casos, con tu respuesta, la que me das aquí y la que me das cada día con tu amistad. Gracias por permitirme darte algo de mi, una comida, una plática, la compañía.
Investigando un poco, la palabra "gratitud" viene de la misma raíz latina ("gratio") que la palabra "gracia". Y aquí es donde entra la máxima gratitud: al dios, los dioses, la fuerza universal, cualquiera que sea nuestra definición de lo divino o el poder superior y ordenante del Universo. Dar gracias a Dios por el afán de cada día, por las bendiciones ocultas y la protección ante el peligro de la que, gracias a Dios, ni siquiera notamos que nos ha cercado y no nos ha podido tocar. Las gracias por estar despiertos y tener conciencia y trabajar cada día por ser mejores, más felices, generosos y, por supuesto, agradecidos.
Gracias, gracias, gracias.
miércoles, 15 de octubre de 2008
To spoil or not to spoil...
spoil v. estropear, arruinar, consentir, mimar, estropearse, echarse a perder.
spoiler n. información acerca de la trama de una película o programa de televisión que puede arruinar el sentido de sorpresa o suspenso del expectador; además, una persona que revela tal información.
La cuestión es que si uno acaba de ver un episodio de Héroes que le ha dejado la cabeza explotada de la sorpresa y asombrada ante los giros tan impresionantes que tiene la trama de la tercera temporada y siente que tiene que contárselo a alguien ¿qué hacer? Una hace lo lógico, aquello que le sale como reflejo e inmediatamente llama a su mejor amiga y co-religionaria de la serie a contarle la última escena del quinto capítulo de la tercera temporada y ella te dice “no-me-cuen-tes”, ¿qué hacer? Para mí, existen dos clases de personas en el mundo: las que quieren saber qué pasa en la serie/película/vida y las que prefieren esperar a verlas. Se trata de dos fuerzas opuestas y encontradas: la necesidad de contar y el derecho a no saber.
Fátima me respondió con un rotundo y claro “NO”. En otras ocasiones ha estado más receptiva a mis chismes heroicos pero la nueva trama del volumen 3 “Villanos” está tan enredada (y hasta cabría decir, torcida), que ella prefiere esperar a visitarme saltando un fin de semana para ver dos episodios de corrido y luego comentarlo en conjunto. Así es como somos, ella prefiere esperar y yo quiero saber. Cuando fui a ver la película de los Expedientes X, la primera no el bodrio más reciente, ya me había bajado de internet el libreto completo. Sabía lo que pasaba diálogo por diálogo pero eso no me impidió disfrutar lo mismo de VERLA. Igual pasaba con las Gilmore Girls, leía los argumentos con comentario sabroso incluido en el sitio de “Television without pity” (muy recomendado) pero igual esperaba con ilusión cada episodio. Es que hay una gran diferencia entre verlo y escucharlo (o leerlo, para el caso).
Esta es una de esas cuestiones inzanjables. En ninguna de las orillas vamos a cambiar de visión, pero para demostrarlo les propongo el siguiente experimento:
En el post que está a continuación de este está el spoiler que despertó esta reflexión. Se los pongo bien abajo para que no digan que fue casualidad ni que por querer comentar terminaron leyendo. Y me cuentan.
lunes, 11 de agosto de 2008
La vida en las periferias
Dejar ese departamento no fue nada fácil y gracias a los dioses fue un proceso lento y por lo tanto, el dolor se fue dosificando. Ahora estoy instalada en mi casa, en una cómoda (y me atrevo a decir, hermosa) casa de dos pisos, instalada en un lugar que geográficamente pertenece a Daule, pero funcionalmente al imaginario de La Vía (a Samborondón, claro está). Ya he tenido que soportar la carga de crítica sociológica que si ahora soy pelucona, que si la lejanía, que si la burbuja. Y quizá las consecuencias de este acto las veré en el largo plazo pero por ahora me dedico a lo de siempre: a disfrutar del momento. Sé que antes de tomar la decisión de dejar Guayaquil tuve mi proceso claro de eliminación de posibilidades y abracé esta opción en conciencia y responsabilidad.
En esta nueva ubicación, el primer contraste viene a través de los sentidos. De lunes a sábados, de cinco de la tarde a ocho de la mañana, reina el silencio, interrumpido apenas por ruidos de la naturaleza y el rumor lejano de los camiones que circulan por la carretera principal. De ocho a cinco, ofician los obreros de la construcción de las tres casas contiguas y de otras muchas en las cuadras vecinas. Los domingos son territorio de la nada. Acá es difícil establecer la hora del día sin la dictadura de los relojes (que no uso). En el Malecón se sabía que eran, por ejemplo, las diez de la mañana o las ocho de la noche por la puerta abierta o cerrada del centro comercial, o la medianoche cuando se apagaban gran parte de las luces. Ahora, si no hay sol, las horas de luz se diferencian apenas por la intensidad de los rayos de sol que golpean al atardecer en la ventana de la cocina.
Aprecio el silencio y me adapto rápido. Sin embargo, les debo una confesión: hay un lujo que me parece imprescindible y del que me alegro casi todos los días. Tengo una piscina a mi disposición a escasas cuatro cuadras de mi casa. La posibilidad de remojarme, sumergirme, chapotear e incluso, ensayar un oxidado estilo libre, me reconcilia del todo con la vida. El contacto con el agua me devuelve capas, me regresa en el tiempo, tan sólo flotar en el agua es un placer que no tiene comparación. La princesa lo disfruta tanto como yo, en eso, al menos, ha salido a su madre.
Vivo en las periferias, en un ejercicio constante de previsión y dosificación, por nombrar un ejemplo, de los trayectos en auto. Tengo aún mucho trabajo de orden por hacer, aunque la titánica tarea esté bastante avanzada. Pero sigo siendo yo, con mis muebles, mis papeles, mis libros, mi equipaje invisible. Cambian los escenarios, cambian los horarios, los usos, los hábitos, queda el latido de una vida que continúa con alegría, siempre, a pesar de todo.
Evito pensar en el departamento que quedó atrás y las paredes en las que sus muchos visitantes rieron una noche, lloraron una pena, abrazaron una promesa incumplida. Evito sobre todo pensar, como me dijo un hermoso caballero, en lo triste y solo que se sentirá Govinda pintado en la pared de la entrada, sin saber que se acerca el día en que echarán pintura sobre su piel azul y con él, borrarán los rastros de todos mis recuerdos.
viernes, 11 de julio de 2008
Final de Casablanca
Marcelo habla de su trabajo como una obra de amor, lo que explica me evoca conjuros para espantar fantasmas o acaso para mirarlos al rostro y descubrir que no son tan feos, ni fieros, ni extraños. Y pone en lo que escribe todo lo que es y es, tal como lo hemos leído. En el encuentro, se manifiesta una química que propicia una sensación de comodidad, de familiaridad. Nos precede un recorrido de compartir opiniones, gustos, experiencias.
Con los datos suministrados acerca del encuentro, el Varas concluye que es un dandy, yo elaboro que más que galán es galante. Existe un abismo entre esos dos conceptos. Figueras lo ejemplifica sin querer al hacer el recorrido de los dos kilómetros y casi mil escalones que separan el Palacio de Cristal del Cerro Santa Ana y de ahí hasta el Artur’s. La noche fresca de julio ayuda, pero la verdad es que el ejercicio aeróbico, si bien no fue del todo extenuante, a todos nos dejó sudados y deshidratados. El glamour primero, no por obligación, sino por estilo. Cuando por fin se quita el saco negro con tramado de sutiles hilos blancos, su camisa blanca está empapada.
La brisa del Guayas, las pilseners, la corvina, las milanesas y los muchines, la antología de Camilo Sesto y los grandes éxitos de Vilma Palma, todo coopera para refrescar el ambiente. Para que Fátima se decida a comentar desde el lugar de los hechos alrededor de la medianoche. Y para que Marcelo le recuerde que al menos valió la travesía para que ella vuelva a comentarle en su blog después de tanto tiempo.
La noche tuvo un bonus extraordinario, llamado Andrés Neuman. Mezcla de escritor y triatlonista entusiasta, nos lideró hasta la cima del cerro (y más allá) con su sonrisa. Un gustazo en conocerlo y el punto de partida para un descubrimiento literario. Estaré allá mañana para presenciar el conversatorio con el viejo amigo Edú (una pregunta de Andrés nos puso a pensar en el tiempo transcurrido) y el nuevo amigo Andrés, y ojalá, si las conexiones aéreas impiden su partida, también con Marcelo Figueras, el escritor, guionista, periodista y ¿cantante? que ahora podemos llamar también amigo. Aunque resulte que antes del jueves también. Aquí no hay aviones ni hangares envueltos en bruma pero podemos repetir la línea de Bogart, con la certeza y alegría de los hallazgos. Bienvenido y gracias.
lunes, 7 de enero de 2008
¡Fuego!
Este sábado estábamos reunidos en casa con Fátima, James Profit y sus dos hijos. Tras la degustación de unos deliciosos pisco sours y una función de Les Luthiers, estábamos todos muy contentos y en ese punto de la noche en que las visitas ya mismo dicen “Bue…!” y empiezan a despedirse. De pronto, afuera, en el Malecón 2000 empieza un rumor, unos gritos, guardias que corren. Como eran las doce y media de la noche no cabía sospechar del tradicional “cógelo, cógelo” de este barrio. (Que es el grito para anunciar que un ladrón huye de la escena, con un montón de gente detrás. Casi nunca escapan.).
Al mismo tiempo, percibí un olor a plástico quemado. “¿Será el ventilador?” fue lo primero que pensé, me acerqué y lo olí, no venía de allí. Luego, me asomé por la ventana del comedor y vi que la gente corría hacia atrás del edificio y que de ese sector salía una columna de humo negro. Pensé de inmediato en la princesa, que dormía hace unas horas en el cuarto que tiene ventana hacia lo que alguna vez fue la calle de atrás.
Vivimos en el corazón de la Bahía, en un edificio que se levanta entre el Malecón y la calle General Villamil, tomada hace décadas por los comerciantes informales. Desde la ventana del cuarto del fondo, se pueden ver tres hileras de domos acrílicos que cubren los pequeños kioskos de metal que el municipio consiguió que se instalen en el sector como manera de organizar ese comercio caótico que antes se hacía en bandejas, tapetes, maletas tirados en el piso. En los espacios cuelgan toldas de caucho azul que protegen los corredores del sol y la lluvia.
James Profit, por debajo de la puerta cerrada se irradiaba un resplandor dorado, como si adentro estuviera encendido un muy potente foco amarillo. Lo que vi al abrir la puerta fue impresionante. La fuente del resplandor estaba justo fuera de la ventana del cuarto. James abrió la cortina y vimos, tan cerca de nosotros y, peor, de mi hija que dormía con la calma profunda de los niños: las vivas, calientes, devoradoras llamas de un fuego. A la gente se la conoce en las situaciones de peligro. Todos los que estábamos allí reaccionamos con calma y orden. Con la visión de la (luego supimos que pequeña) hoguera James salió a avisar que la cosa era grave y que debíamos salir YA. Fátima y los niños fueron los primeros en bajar. Mientras, yo trasladé a la princesa hasta mi cuarto, la dejé sobre mi cama y regresé sola al suyo. Me paré unos segundos en la puerta y pensé “De aquí, ¿qué saco?”, la mirada tasadora respondió que nada. Cerré la puerta, volví a mi cuarto tomé un abrigo para envolver a la niña y otro para mí, la cargué, tomé mi cartera que colgaba del pomo de mi puerta y bajé. Segundos antes ya había bajado James con el tanque de gas (que reposa en la pared que también da a la Bahía) y detrás nuestro salió Don P. que había bajado los breakers de la casa.
Cruzamos la calle y nos refugiamos junto a la salida del parqueo de Colón. Los guardias nos contaron que el portero de mi edificio fue quien les dio la voz de alerta y que ya habían llamado a los bomberos. Pero aún no llegaban. Los nervios pudieron más que la razón y llamé a la Nena, esposa de bombero, para avisarle del asunto. Fue un acto, producto de un cuarto de necesidad de contar, un cuarto necesidad de reafirmar la urgencia de la ayuda, dos cuartos de pánico controlado. Mientras esperaba su mensaje de respuesta, llegaron cuatro motobombas y dos carros de la empresa eléctrica. A uno le parecen eternidades pero habrán transcurrido máximo diez minutos. (No lo digo suficiente pero ¡los bomberos son mis héroes!)
En realidad no fue nada: el fuego se inició con una chispa en los cables que pasan por encima de las cubiertas plásticas, a la altura del edificio vecino. Avanzó por la extensión de cuatro, cinco kioskos y ahí lo detuvieron. No se extendió al interior de los locales. Pudo ser mucho peor. Cosas para destacar: una y mil veces, los bomberos. La ejecutividad de los comerciantes de la Bahía, ayer retiraron todos los restos, pusieron una cubierta provisional en previsión de más lluvias. Las reacciones de todos. La reiteración de que la única cosa material que me esforzaría por rescatar serían las fotos (negativos y CPU). Propósito: respaldar todas mis fotos y ubicar todo en un mismo lugar, portable y de fácil acceso.
Tengo por principio a rechazar el juego del “y si…”. Y si hubiéramos estado solos, quizá dormidos y los cálculos que uno hace con las llamas y el humo, la niña dormida o despertada por el grito de las sirenas y que encuentra una hoguera tras sus cortinas… Si los bomberos hubieran demorado y el fuego proseguido… Y si… y si… pues nada. No pasó. Es inútil asustarse con las posibilidades como es igual de inútil recrear un accidente con los posibles modos que hubieran servido para evitarlo. La conjugación verbal que más detesto es “hubiera”.
Con el fuego, quedan cenizas y hollín. A esta familia (que incluye a los amigos que son como parientes) le quedaron pequeños pero significativos descubrimientos sobre el material del que estamos hechos, cómo funcionamos y qué valoramos. Un ensayo, la representación de un pequeño drama. Ante todo, esta familia sobrevive. Eso sí, tenemos que ver con qué vamos a animar la próxima reunión. ¡Estas producciones no son nada sencillas!
Plástico derretido, el borde blanco a la derecha es nuestra ventana.
Experiencias de Agua y de Fuego. ¿Me tocan Tierra y Aire? Mejor prevenir, debería ponerme una mascarilla de barro y… ¿qué hace uno con el aire? Se aceptan sugerencias. Urgentes e inocuas.
viernes, 4 de enero de 2008
Llueve
Llueve y parece que mañana va a seguir así, lo asegura Meteorología. Llueve, llueve en todos los rincones del país, la tierra está agradecida. (Si llueve la gente se pone a cubierto y el pasto se pone contento)
Llueve sobre el río, llueve sobre el mar. Llueve y no parece que vaya a parar.
Llueve, Jorge Drexler
Llueve en Guayaquil hace cuatro días. Ayer, cuando pensamos que había dejado de llover, llovió más. Las sábanas que cuelgan en la terraza lo saben bien, a la cuenta, hasta esta hora han recibido un chaparrón, cuatro lluvias, seis lloviznas.
Llueve y salgo a la calle para llevar a la niña a la escuela, que sale en versión “funda”: recubierta completamente con un poncho impermeable de color rosa. La madre sale en versión “paraguas, chaqueta con capucha y zapatos de correr”. Caminamos las cuatro cuadras que nos separan de la estación del bus, protegidas en el trayecto por los portales del centro de Guayaquil. En el destino, la cosa es distinta, en las ciudadelas no hay portales, hay veredas irregulares que convierten el recorrido en una pista de obstáculos acuáticos.
“Extrañé tanto a la lluvia”, fue lo primero que dijo ella cuando nos tocó el primer chaparrón, el primer día del año. No estoy segura, si yo lo hice, sé lo que todos los habitantes del puerto sabíamos: “ya va siendo hora…”.
Mi relación con la lluvia va seguida de un “depende”. Tengo recuerdos maravillosos y tenebrosos con los aguaceros tropicales guayacos. Tengo clarísima la emoción de salir con mi mamá a bañarnos en la lluvia, al patio, al portal, a que nos caiga el agua en la cara, a saltar en los charcos, a sentirnos Gene Kelly en “Singing in the rain”. Tengo marcado el miedo de una noche en que el carro no prendió más tras pasar por la avenida Kenneddy junto a la Universidad Estatal, en ese punto oscuro y abandonado, en los tiempos en que no existían los celulares, y esperar por muchas horas a que la lluvia pare o que alguien nos rescate… Aún le temo a manejar durante un aguacero. Y eso que en Guayaquil se sabe cuando caen las primeras gotas pero no cuando van a terminar. En Quito uno tiene casi la certeza de que ese diluvio que no deja tregua pasará en máximo una hora o dos, así que se tiene el lujo de esperar donde se está a que pase la intensidad. Acá puede llover y llover y llover por horas, días…
Hoy llovía y cuando entregué a la niña a la seguridad de la escuela, pude por fin observar a los compañeros del viaje de regreso. A la empleada de banco con su uniforme impecable, sus medias nylon gris claro y sus zapatos azules, ¿llegarán en la misma condición tras la caminata esquivando charcos y el eventual desgraciado que disfruta de salpicar a los peatones? A las enfermeras de prístino traje blanco, los señores de terno y corbata, el anciano de impecable pantalón gris y camisa celeste. La gente que tiene prisa, que debe llegar a un sitio al que quizá lleguen irremediablemente tarde. Pero llueve y esa es la excusa: todo se vuelve necesariamente más lento. Los carros esquivan lagunas, la gente camina con más cuidado.
Llueve y yo camino sola por el malecón mojado. Llueve y la fantasiosa interna imagina una escena de baile y canto con gotas de lluvia perfectas. Llueve y me detengo a observar el río Guayas que no tiene frontera con la bruma que oculta el puente y oscurece la isla. Recuerdo el versículo bíblico: “y un viento de Dios aleteaba sobre las aguas”. Llueve y no es difícil visualizar ese Espíritu jugando a ser gota de lluvia y vapor de agua para volver a pasear “sobre las aguas”.
Ha parado de llover y la ciudad se ve limpia, por unos minutos se respira un aire fresco que entra como un bálsamo para las vías respiratorias que soportan cada día el calor, el smog y los olores. Si sale el sol llegará la humedad insoportable, el bochorno del calor húmedo tropical, esa sensación de que el asfalto suda y el cuerpo se cocina en un vapor de todo: cemento, gente, autos, hierros. Por ahora, aún caen las últimas gotas de eso que se le llama garúa, brisa, llovizna.
Llueve en Guayaquil hace tres días y no tengo apuro por ir a ninguna parte, no tengo que cumplir horario. Puedo disfrutar de esta lluvia, de este instante, de esta ciudad. Llueve y se detiene la pausa, se desactiva el Rewind, se presiona el Play. La diosa ha vuelto, con la lluvia.
Dos canciones adecuadas para el clima, Madonna con su bellísimo video de Rain (I feel it, it’s coming…) y Piove de Jovannotti, perfecta analogía del golpeteo del rap y de las gotas.
miércoles, 30 de mayo de 2007
La otra educación
Nos enseñan, además, las normas del comportamiento: a saludar, a pedir por favor y a dar las gracias, a que no nos levantamos de la mesa hasta no terminar de comer. Se nos educa para ser corteses, gentiles, solidarios, compasivos. Se nos estimula a ser competitivos, a saber perder, a exigirnos un poquito más cada vez, a ser investigativos, a no quedarnos con la misma vieja respuesta para las preguntas importantes. Nos hablan de un dios, de una forma de agradarlo, de una serie de reglas a seguir para pertenecer a una religión, de una disciplina para mantenernos alejados del pecado y sus consecuencias.
Es tanto, tanto conocimiento. Y todo lo absorbemos, lo integramos. Este artilugio prodigioso llamado cerebro lo mismo recuerda qué “Si tu no vuelves” está en el disco "Laberinto" de Miguel Bosé que el símbolo del estroncio ("Señor estroncio", decía mi madre, la maestra de química. El símbolo es Sr).
Son muchos los aspectos de esa educación que se quedan por fuera de lo académico. Hay un conocimiento adquirido en el patio de la escuela, en el portal del barrio, en la cancha deportiva. Hay una textura emocional que se va adquiriendo en la interacción con los demás y que toma tanto lo que se dice como lo que se hace.
Pero hay un conocimiento sensorial que casi nadie se preocupa de educar. Aunque parecería que basta con ser persona para aprender a procesar los estímulos que nos llegan a través de los sentidos: ojos, nariz, lengua, oídos, piel.
Yo he tenido una educación sensorial muy refinada y exigente. Se inició cuando conocí a la primera hermana que tuve por fuera de los parentescos genéticos. Y con ella vinieron sus padres, una pareja exquisita con un gusto por lo bello, sabroso, armonioso y sensual de la vida. Pero que no se me malentienda, no eran unos snobs, no discriminaban los estímulos según su precio o su origen, solamente por su calidad. Para ellos valía lo mismo el lamento hondo de un pasillo que la exhuberancia de un concierto de Vivaldi; el caldo de bolas de verde y el foie gras recién llegado de Normandía. Había que probarlo todo, a veces incluso contra la propia voluntad. Una vez terminé llorando por una ración de mostaza picante depositada a traición en mi lengua. Lloré, pero me encantó. (Como me encanta la sopa thai.. tú que me lees, ¡engríeme!!)
En esa casa probé los primeros vinos y no solo eso, aprendí a catarlos. Seguro que a ellos les daba mucha gracia ver a un cuarteto de púberes aspirantes de gourmets oscilando las copas, observando lágrimas, percibiendo notas olfativas, degustando. Aprendimos además a no beber para emborracharnos, porque el que se emborracha le falta el respeto a la bebida, arruina la experiencia. (Claro que lo he hecho, además, no hace falta mucho, pero eso si, jamás he perdido la conciencia de lo que hago; el control, acaso, sobre todo de las risitas).
Con los años vino la lectura de la novela “El Perfume” de Patrick Suskind, y el descubrimiento del mundo de los olores y sobre todo, el reconocimiento de mi elevada capacidad olfativa. Como escribí tiempo atrás, detecto fugas de gas y cambios en los alimentos antes que mucha gente. Vino también el gusto por cocinar y sobre todo, por hornear. La alquimia que se produce entre la mezcla adecuada y exacta de materias primas tan cotidianas como huevos, harina, grasa, leche y azúcar, entregadas a la acción del calor siempre me causa asombro y me hace sentir como una hechicera. De nuevo, los libros: “Como agua para chocolate”, que enlaza los sabores y saberes de las mujeres con sus universos emocionales, sus entregas y sus pérdidas.
Y la piel. Órgano extenso e intenso. Que nos comunica temperaturas, texturas, temblores, presencias. Que se siente tan a gusto después de un laargo baño, que recibe los perfumes y sudores, con sensores para todo, incluso para los sustos, que se pone roja con un piropo inesperado, que se tensa con la preocupación, que pica con la lana, que suda placenteramente entre sol y arena. (La lectura aquí sería acaso "Afrodita" de Isabel Allende).
¿Cómo se aprende a ejercitar los sentidos? Pues sintiendo, mirando, preguntando, estudiando, probando, tocando. La educación visual es un tema de nunca acabar: hay volúmenes que explican la belleza de un Rubens y la ruptura de un Pollock. Más allá del conocimiento hay que descubrir qué despierta emoción en nosotros. Hay que sacar la cabeza por la ventana del auto y mirar el cielo, asomarse a ver los reflejos que hace la luna en las olas de la ría. Y no porque sea romántico sino porque es sencilla y puramente hermoso.
Recomiendo fervientemente escuchar de todo para poder decir, esto es bueno o malo, me gusta o no me gusta. Me gusta Calle 13, no me dice nada Don Omar. Me enloquece Jorge Drexler y no soporto a Arjona por su pose de gran poeta. La música clásica me gusta en vivo pero prefiero escuchar canciones, palabras con música. Y tengo una memoria tan activa que me canto sin pensar las canciones de Kudai y High School Musical que ponen en la radio que pongo en el camino a la escuela de la princesa. Y no soporto a la gente que dice “no me gusta” a algo que jamás han probado o escuchado detenidamente, que solo lo dice por sumarse a la opinión general.
¿Los efectos? Una experiencia mucho más enriquecida del mundo. Que los recuerdos tengan colores, olores y sabores. Que en el evento de las ausencias transitorias uno pueda encontrar el olor de los amados en sus objetos, y en las permanentes se conmueva con el asalto de las presencias guardadas, por ejemplo, en bufandas conservadas en baúles. Que los placeres se disfruten siempre como placeres, y no con exceso. Cuando alguno de los cuatro ha probado los vicios nunca los ha hecho con obsesividad, hasta la dependencia. Porque se degustan por igual una mousse de chocolate que un cigarrillo, un merlot, un libro, un amanecer sin nubes en Quito, una puesta de sol, unos labios.
miércoles, 23 de mayo de 2007
Budismo sonriente
Llegamos con tiempo suficiente para esperar bien sentados el inicio de la charla, pero en mi revisión apresurada del calendario de eventos me salté la parte en que decía que tenía un costo de $15 por persona. Así que nos regresamos hasta el Malecón a sacar el dinero del cajero. Al bajar las escaleras, él estaba entrando por el vestíbulo del Museo Municipal. Un hombre joven vestido negro, chaqueta con cuello redondo, con una escarapela roja y blanca en su pecho y pantalón de elástico como los que se usan para el tai chi. Lo acompañaban un señor y una chica de pelo enchurrado, Julia, que luego actuaría como traductora de su fluido inglés, casi sin acento. Hicimos el recorrido en tiempo récord y para cuando volvimos al salón él ya había empezado a hablar.
Sentado en el centro del pequeño escenario, con una espada de madera en sus manos, disertaba sobre las creencias y las religiones, el miedo y las expectativas. La energía de este hombre iluminado era palpable en mis manos, mi columna, mis chakras. De modo natural el cuerpo adoptó la postura de espalda recta, pies sin cruzar y manos sobre el regazo, indice y pulgar unidos. Desechó la existencia del infierno y dijo que las creencias son el infierno. El camino, así de claro, directo y fuerte, es cortar con miedos y expectativas. Los miedos son nuestras creencias negativas, las expectativas son lo mismo pero en positivo. Los líderes espirituales y políticos juegan con nuestros miedos y expectativas para que los sigamos o apoyemos. Dijo que creer es no conocer, y que debido a nuestra ignorancia elegimos tener una creencia. Pero que si dejamos de creer llegaremos al conocimiento. Su sable de madera representa la espada de la sabiduría que debe cortar con los miedos, -representados en la parte derecha de nuestro cuerpo, la parte masculina- y las expectativas -alojadas en el costado izquierdo y femenino. Por eso, los hombres son peligrosos, porque en ellos dominan los miedos. Y nosotras, complicadas porque nos rigen las expectativas.
Si logramos seguir este, el camino del diamante, podremos permanecer en el presente y realizar la verdadera naturaleza de nuestra mente, nuestra esencia de dioses, budas y la felicidad del cielo, que no reside en los cielos sino dentro de nosotros. Y ahora, porque al mañana en el que seremos felices nunca llegaremos, vivimos siempre en el hoy. Que aunque Jesús y Budas fueron hombres realizados no debemos rezarle a ellos sino a la espada de la sabiduría, que Dios ya debería estar enojado con nosotros y haberse ido de vacaciones porque nos lo dio todo y nosotros seguimos pidiéndole más.
Luego de la disertación y el break, vinieron los ejercicios que comenzaron con carcajadas, bostezos, sacudir y estirar, bailar y saltar. Nos enseñó tres ejercicios que son parte de la disciplina para la salud: uno para la parte baja de la espalda y riñones, otro para el corazón y el tercero para los pulmones. Para cuando estemos cansados, saltar mirando al cielo y para cuando estemos demasiado metidos en la mente, sacudir intensamente la cabeza y los brazos. Al final de cada ejercicio, que se repite siete veces, tres respiraciones profundas.
Era su última noche y terminó con regalos y despedidas. Las personas que tomaron el "refugio", una iniciación, recibieron su nombre budista con el abrazo de Lobsang, de brazos abiertos y corazón en corazón. Pepe tomó el camino enseguida para dejar la sala. Yo tenía que ir al baño y allí decidí que no me quería ir sin acercarme a él. Y recibí mi abrazo y le pedí un autógrafo en el ticket: un garabato de su nombre y un corazón, cómo no, sonriente. Le dije "fue muy divertido". Y lo fue.
A un lado del escenario estaba colgada una frase suya:
"Sé tu propia verdad y podrás verte a ti mismo. El amor nunca piensa. Siéntete. Sé tú mismo. Si te ganas a ti mismo, lo ganarás todo".
Dejar el miedo y las expectativas. Para trabajarlo a cada rato del día. Y ser felices y brillar con una sonrisa radiante como la de Lobsang, que, por cierto, es la octava reencarnación de un maestro ascendido y tiene un centro de enseñanza de la medicina tibetana, que domina, abierto a todo el que quiera aprender.
domingo, 13 de mayo de 2007
Las que movemos el mundo
Sin embargo, escondida entre la parafernalia comercial hay una verdad que se toca sólo en la superficie: las mujeres movemos el mundo. Madres o no, somos las impulsoras, los resortes que activan la acción. No me vengan con eso de que el poder lo tienen los hombres, lo acepto, pero ¿quién es la que jode para que uno se levante en las mañanas? ¿quién te recordó durante doce o mas años de estudios que no dejes el deber, que te pongas el suéter? Las mujeres insistimos, repetimos, recordamos, machacamos hasta el infinito, hasta que las cosas suceden.
¿Quién repite mil veces más una que la fecha de pago de la tarjeta es el fin de mes? ¿Quién recuerda los cumpleaños, las fechas importantes de sus y sus relacionados mejor que los propios interesados? ¿Quién mantiene el imposible orden de lugares tan inclinados al caos como son las casas? ¿Quiénes mantienen viva la mitología familiar expresada no sólo en repeticiones de anécdotas sino también de relaciones de poder? Una mujer. Que la llames madre, esposa, amante, secretaria, asistente doméstica, abuela, profesora, jefa, da igual: aunque no realice la acción es la que la pone en funcionamiento, la que sincroniza su momento, la que motiva y si, a veces manipula, las emociones que la impulsan.
Y no entremos en el campo de la seducción y la pasión. Los hombres se pueden quedar con un amor sin resolver por siglos, pero cuando una mujer decide que es con este con el que quiere, hará que suceda y las mejores lo harán sin que él se de cuenta de qué sucedió. Las mejores harán que él piense que fue su idea, su iniciativa. Me imagino que si se hiciera ese experimento del documental “Un día sin mexicanos” con mujeres, la Tierra, que es hembra, hasta dejaría de girar.
En una graciosa coincidencia, justo hoy lei este mensaje que me pareció un poco distinto al típico de las cadenas de correo. No cita autor, por eso no lo pongo. Es mi pequeño guiño a las mujeres que son y no son madres, que quizá, como yo, están agradecidas de que este día agotador haya terminado; el que por más que nos sumemos a él con un sentimiento genuino, tiene su innegable regusto a falso.
Un amigo me decía el viernes, “a mi madre la quiero todos los días, ¡carajo!”. Coincido, sin embargo, la vida está hecha de pretextos a los que si nos unimos por elección consciente casi parecen reales. Así que bueno, ahí va para todas: que mañana que ya no es el “Día de las madres” tengan la energía para alzar la voz y decir a todos los que reposan bajo sus grandes alas: ¡A MOVERSE! (Y que también encuentren entre ellos alguien que las mueva y que, ojalá, les permita dejar aunque sea por un instante ser el inicio, el medio y el final de la acción).
ALMA DE MUJER
Nada más contradictorio que ser mujer...
Mujer que piensa con el corazón, actúa por la emoción y vence por el amor...
Que vive un millón de emociones en un sólo día, y transmite cada una de ellas con una sola mirada...
Que vive buscando la perfección y vive tratando de buscar disculpas para los errores de aquellos a quienes ama...
Que hospeda en el vientre otras almas, da a luz y después queda ciega, delante de la belleza de los hijos que engendró...
Que da las alas y enseña a volar pero no quiere ver partir los pájaros, aún sabiendo que no le pertenecen...
Que se arregla toda y perfuma la cama, aunque su amor no perciba más esos detalles...
Que como una hechicera transforma en luz y sonrisa los dolores que siente en el alma, sólo para que nadie lo note...
Y aún tiene fuerzas, para dar consuelo a quien se acerca a llorar sobre su hombro...
domingo, 18 de marzo de 2007
Hugo y el café
La entrevista en mención fue demasiado breve, demasiado light, demasiado anecdótica como para permitir al público sacar conclusiones sobre el personaje. Muy poco de perfil: que Huguito creció en la pobreza, que fue militar…, dos o tres datos sobre su gobierno, visita de cajón a las barriadas pobres de Caracas para decir que desde que está Chávez tienen agua potable y alcantarillado, las declaraciones en contra de Bush, la relación con Castro y la visita a Hussein. “La prensa no ha mostrado mis fotos con el papa Juan Pablo II, ni con Clinton…”, “Quiero ser amigo del pueblo estadounidense”. Y la perla: “Yo le ganaría a Bush en elecciones”. Claro, si acaso en EE.UU. los partidos de extrema izquierda consiguieran algo más de medio voto… Ah, y por supuesto, que la CIA lo quiere matar y que si le pasa algo, el responsable directo sería el Presidente.
No sé quién fue peor caracterizado, si el gobierno de Chávez o su oposición representada por tres jóvenes aniñados que dijeron, en perfecto inglés, que si la cosa sigue así en un año máximo ellos habrán salido del país. Fue tan floja su participación en el reportaje que en la versión online del programa ni siquiera se menciona a esa “juventud preocupada que no quiere permanecer en Venezuela”.
Un dato interesante (y que revela la habilidad de ese gobierno para obtener partidarios en su “mercado objetivo”) es la campaña de la cadena de gasolineras Citgo (de la estatal petrolera venezolana) en los EE.UU., que ofrece combustible para calefacción a bajo costo para los barrios pobres. El propio Chávez señaló que Venezuela envía 1.5 millones de barriles de petróleo a los Estados Unidos todos los días. Insulta a su presidente, pero no deja de hacer negocios con ellos… También aclaró que aunque no hay intención de reducir o eliminar esa provisión, “Hemos dicho que en caso de cualquier otra agresión por parte de la administración norteamericana, nosotros cortaríamos esta provisión de petróleo, pero esperamos que esto no pase”.
La pregunta más candente de la noche fue acerca de los insultos hacia Bush. Dijo que aceptaba que era un exceso de su parte, que se podría disculpar, pero que consideraba que Bush hacía más daño que él con sus palabras: “El quema gente, aldeas y él… invade naciones”. También dijo que le había dicho burro a George W. porque piensa que es muy ignorante acerca de las cosas que pasan en Latinoamérica y en el mundo.
Al final, la Walters le pidió que diera un mensaje a América. Y él con un inglés bastante regular y de marcado acento dijo que admira a Martin Luther King y que comparte su sueño: “Martin Luther’s King’s drim, llur drim, is mai drim; tenkiu beri mach”. El sabor final fue de haber conocido a un personaje pintoresco e incomprendido. Casi como decir que el enemigo de mi enemigo, técnicamente viene a ser mi amigo… Veamos qué postura tienen los demócratas gringos cuando sea uno de los suyos el presidente que soporte los insultos de Chávez. ¿Se pueden imaginar las perlas que le lanzaría a Hillary?
miércoles, 14 de febrero de 2007
¡Felíz día del sexo!
Esta, señoras y señores, es la fiesta del amor erótico, de la atracción de pareja, el impulso ese de estar juntos, mirarse, reirse, coquetearse y finalmente tocarse. Vamos, no hay que ser muy suspicaz para darse cuenta de que todo este festival de flores, chocolates, regalos, baile y comida exótica cae bajo un solo nombre: foreplay, calentamiento, preliminares. Más claro, todo lo que pasa antes del acto sexual.
Me hace gracia la sublimación que se le da al tema, y aún más la inclusión de la amistad en el pastel mediático, porque bueno, la amistad es una forma de amor. Pero nadie se viste de rojo de pies a cabeza para sentarse a conversar con las amigas o se pone la colonia de hombre guapo en los sitios indicados (“por si me besa, por si me abraza, por si se pasa”) para tomarse las bielas y gruñir viendo un partido con los panas.
Veamos, en el calendario afectivo-comercial se celebra a todos los tipos de afectos por las personas importantes de nuestras vidas: madres, padres, niños, la patria grande y la chica, Dios (el flaco tiene varias fiestas a su haber al año con diversos matices)… ¡hasta las brujas tenemos nuestro día! ¿Por qué no iba a haber un día para Eros?
A las pruebas me remito, mi amigo Carlos (el reciente cumpleañero, ¡eh! ¡Qué viva!) me envió unas perlas de las noticias de Reuters. Por ejemplo, la policía de Bangkok tenía planeado un operativo para hoy luego de que la semana pasada se reveló que un tercio de las adolescentes tailandeses consideraban que el 14 de febrero era el día ideal para perder la virginidad. Se planeaba establecer un toque de queda para los jóvenes a partir de las 10 de la noche de hoy y se iba a amonestar las demostraciones públicas de afecto de los menores de 18 años en centros comerciales, cines y otros lugares de diversión. (Sí, como si eso los fuera a detener, pero bueno, se las ponen más difícil).
En la cercana Filipinas, en cambio, un regalo popular de esta temporada fueron las tortas para adultos, con nombres como “Prisoner of love”, “Hot Babe” y “Viagra Night” en la pastelería especializada Kink Cakes. Las notas también alertan, cómo no, acerca de los blogs, pero de los blogs sexuales en los que la gente cuenta todo y advierten: “Tenga cuidado con quien cae enamorado en este San Valentín, porque puede que sus mas íntimos secretos terminen mostrados en la internet”.
Mientras los demás amores (filial, paternal, espiritual) nos construyen, nos inspiran, nos protegen, el erótico es aspecto del amor que más nos alborota y a la vez nos da vida. Nos trastorna, nos renueva, nos alegra, nos empuja, nos desespera, nos desafía, nos transforma. Y como dice la joda popular: ¡nos encanta!!!
Así que mis bonitos, no nos engañemos más: ¡Feliz día del sexo! Si tienen con quien, a practicarlo; si no, a reconocerse como seres sensuales, eróticos y en la búsqueda de ese “con quién” que complemente a la perfección no solo los sublimes sentimientos sino también los impulsos carnales. Y no se dejen engañar por los mensajitos tiernos, recuerden que el típico reportaje de la temporada no es el de los amores eternos, sino el del incremento de actividad en los moteles.
lunes, 16 de octubre de 2006
Una frase apenas
Casi se me olvida, la frase es esta, una de mis máximas favoritas: "Dios proteje a los niños y a los idiotas". En el Ecuador, caemos en al menos una de estas categorías. Frente a este momento, de verdad, nos queda sólo la invocación a la protección divina.
martes, 22 de agosto de 2006
La pregunta de Barbara Walters
Me llegó a las manos una edición dominical del diario El Comercio de Lima, interesante, bien diagramado, temas extensos como corresponde a un domingo. Eché mano, como siempre hago con los diarios, de la sección de Clasificados. Y me encontré primero con que la sección de “Masajes” en realidad parecía de masajes, algo había allí de raro. Pero luego di con la sección “Relax” que abarca dos columnas, una página y luego dos columnas más. Al inicio de la sección está la siguiente advertencia “La lectura de esta clasificación es exclusiva para mayores de edad”. Si, claro.
Encontré lo típico, aunque siguen las alusiones a los “masajes”, ya que las damitas y caballeros que ofrecen sus servicios en algunos de los anuncios se refieren a si mismos como kinesiólogos. Hay muchas direcciones de internet, mucha referencia al lugar de origen, (colombiana, chilena, española, argentina, cuzqueñita, cajamarquina, charapita) al color de piel o tipo racial (rubia, piel canela, morenita, nissei, mulata, blanquita) e incluso, hecho novedoso, al estado civil. Así es, algunas se promocionan como “señoras”. También especifican si tienen o no departamento, es decir si reciben visitas o si dan servicio a domicilio. Los rangos de edad también son muy variados, aunque la mayoría están en el rango de 18-20, hay anuncios de mujeres de más de 30 hasta una de 45, que se describe como una nena argentina,
Para muestra algunos botones:
Aldair Activo tipo árabe extremadamente M.B.D. (¿?) velludo 1,80m potente. Que alguien me explique/adivine/deduzca qué puede ser MDB.
Adorable Nissei t/vedett trato d/amante sin limitaciones servicio especial c/departamento. ¿Trato de amante? Llama a tu casa, te pide que dejes a tu familia…
Alexsa señora exclusiva atractiva b/figura a/damas caballeros modernos c/accesorios.
Amore shemale Exclusiva kinesiologa(o) impresionante rubiecita apasionada b/figura c/lencería (modernos). Para lo que queda la modernidad…
Bellísima gringuita natural 18 anfitriona A1 impactante. ¿Cuáles son las artificiales? ¿Las nacionalizadas?
Cubana morocha 1.80 42B exuberante c/departamento A/Hoteles un mujeron. ¡42B! Es gorda, eso da otro sentido a la palabra “mujerón”..
Gordita bonita señora blanquita caballeros t/edad ¡solita! Toda tierna ella…
Jonatan Atención a damas buen servicio m/discreción momentos agradables y placenteros. El único hombre que ofrecía sus servicios solo a mujeres.
Xioxana Sra. Charapita riquísima ¡excelente servicio! Caballeros exigentes 3.edad paciente. ¡Para que no digan que no les tienen paciencia!
Yo no seré como la Walters, no lo negaré cuando me insistan mis biógrafos. Yo si hice esta pregunta:
Si usted fuera a ofrecer sus servicios sexuales en un anuncio clasificado, ¿cómo lo redactaría?
lunes, 14 de agosto de 2006
Fidel viste de Adidas

¿Qué tienen en común Fidel Castro y David Beckham? Ese loguito en el pecho...
La prenda que luce el comandante Castro luce, como no, los colores de la bandera cubana, principalmente blanco, con rayas rojas y detalles laterales en azul. La imagen es íntima, casi familiar, un anciano sentado en una silla al pie de una cama, cubierta por un edredón acolchado, al fondo un objeto indeterminado reposa sobre la cabecera y detrás se aprecia lo que parecen ser las puertas de un closet. La habitación es sobria, austera. El sujeto mira fijamente a la cámara, está bien peinado, su barba recortada y sostiene entre sus manos un periódico, el suplemento especial del Granma por el cumpleaños ochenta del presidente del partido comunista cubano. ¿No les parece un poco retocado el diario? No me atrevo a negar que la foto sea auténtica sino que se ha trabajado un poco el área del periódico para aumentar su nitidez, para que se lea y se destaque que se trata de la edición del día.
Luego, en eluniverso.com he encontrado esta foto del revolucionario recibiendo la visita de su gran amigo, el presidente de Venezuela Hugo Chávez. Para esta ocasión el ilustre convaleciente luce una camisa de algodón de color rojo intenso, rojo comunismo, rojo hemorragia en coordinación con la camisa del mismo tono que viste el mandatario amigo. Chávez lleva una camiseta interior, suponemos que los hospitales cubanos le dan frío. Los uniformaron, parece. Los dos están comiendo de un tarrito como de yogur o natilla, aunque en esta ocasión no aparecen marcas.

"Fidelito, tome su compota, abuelito"
Es una lástima, a los seguidores del mundo les hubiera gustado también saber qué yogur toma Fidel, a lo mejor, podrían patentarlo como el secreto de su longevidad y su permanencia en el poder. Ah, lo uno nada tiene que ver con lo otro, es cierto.
¿Le pagará Adidas a Castro lo mismo que le paga digamos, a David Beckham? Aunque no pude encontrar en la página web de la marca un modelito de chaqueta “revolución cubana”, de los que encontré oscilan entre los 85 y los 60 dólares. Hay un modelo muy moderno llamado B-cool, en rojo y negro que podría usar cuando se reúna a caminar digamos, con Vladimir Putin. Son otros tiempos, dudo que el premier ruso se aventure al verano caribeño para rendir los honores al octogenario mandatario.
¡Viva la globalización! Qué cosas escribo, la revolución… ¿o será la revolución de la globalización? Porque, como sabemos, la globalización de la revolución terminó mal, allá en Bolivia. ¡Viva Adidas! ¿Vive Fidel?
Leyendo hoy El Boomeran(g) me encontré con estos dos artículos de Jean Francois Fogel, El rehén del poder y Gustavo Arcos. Más facetas a esta joya de suceso que estamos viviendo: la posibilidad de una Cuba sin Fidel.
sábado, 22 de julio de 2006
Por la Paz
Si hemos de lograr la paz en la tierra…nuestras lealtades deben trascender nuestra raza, nuestra tribu, nuestra clase y nuestra nación; y esto significa que debemos desarrollar una perspectiva mundial. Ningún individuo puede vivir solo, pero mientras sigamos intentándolo, más guerras tendremos. O aprendemos a vivir juntos como hermanos o pereceremos todos juntos como idiotas.
Martin Luther King, Jr., 1967.
No hay camino para la paz, la paz es el camino.
Mahtama Gandhi
Cuando me preguntaron sobre algún arma capaz de contrarrestar el poder de la bomba atómica yo sugerí la mejor de todas: La paz.
Albert Einstein
Si queremos un mundo de paz y de justicia hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor.
Antoine de Saint-Exupery
La guerra es la salida cobarde a los problemas de la paz.
Thomas Mann
Una nación que gasta más dinero en armamento militar que en programas sociales se acerca a la muerte espiritual.
Martin Luther King
¿Y nosotros qué hacemos?
En la aparente falta de poder que tenemos todos los que presenciamos la guerra, la destrucción, el dolor, el odio que hay en el mundo, lo único y mejor que puedo ofrecer en este momento es este ejercicio de oración para la compasión.
Que seas feliz.
Que te sientas amado.
Que todo tu sufrimiendo sea sanado.
Que tengas paz.
Se repite por alguien querido y cercano o alguien a quien de verdad deseamos amor y paz (los que están sufriendo en Líbano o Tungurahua); luego por alguien que nos es indiferente o anómino (la gente que vemos en la calle, que nos atiende en una oficina); y por último por alguien que nos ha hecho daño o por el que nos cuesta mucho pedir felicidad, amor y paz. (Alguien con las iniciales GWB, por ejemplo).
No tengo la cita exacta pero Gandhi dijo algo de "sé el cambio que quieres ver en el mundo". Yo elijo, con todo el esfuerzo diario y profundo que eso representa, el principio de la no violencia: no hacer daño, no responder a la violencia con más violencia, resistir con los argumentos de la paz y del amor. Si respondemos a estos hechos con rabia y odio no somos en nada diferentes a los que están actuando en los conflictos, tan solo estamos en un sitio lejano pero seríamos capaces de los mismos actos. Los muertos los ponen ambos lados, los muertos los ponemos las madres, padres, hijos, esposas del mundo.
El trabajo de la paz empieza conmigo. Acaso empieza con el perdón, pero siempre parte de reconocer que el otro es un ser humano igual a mi, con el mismo derecho y capacidad que yo, con circunstancias propias y distintas, con tanto derecho a su verdad (en términos de credo y cultura) como yo. Digno de amor, paz y alegría como yo.
Amor, Paz, Amen.
