lunes, 23 de mayo de 2005

El túnel del equilibrio

Desde el 2004 en Guayaquil existen dos túneles que conectan el Malecón y la calle Boyacá con la avenida Pedro Menéndez Gilbert. Atraviesan el cerro Santa Ana y el cerro del Carmen, respectivamente, cavernas inmensas forradas de concreto, llenas de luces, con tres carriles cada uno. Gran solucion al trafico que sale del centro hacia el Norte de la ciudad. Son mi atajo preferido, frente a la opcion de pasar por la siempre peligrosa calle Loja en la ida y por la vuelta larga alrededor del cementerio, tambien en barrio no tan recomendable, solitario y oscuro.

Recuerdo que cuando los tuneles se inauguraron se comentó en la prensa que no seria necesario encender las luces de los autos en su interior, dado que contaban con suficiente iluminacion para el trayecto. Sin embargo, el conductor que los usa sabe desde hace tiempo que si bien las luces no son necesarias para ver el camino si lo son para advertir a los demas conductores de su presencia, especialmente en el momento de llegar a las salidas. Pero el uso de luces era opcional, hasta hace poco.

Hace algo asi como dos meses la Comisión de Tránsito del Guayas instaló grandes señales de tráfico en los alrededores de los accesos a los tuneles que indican que a) se debe encender las luces, b) se prohibe cambiarse de carril y c) que se debe respetar la velocidad maxima de 50 kms por hora, y que dicha velocidad se monitorea por cámaras de seguridad.

¿A que obedece la disposicion de la velocidad? Mi hipotesis es que algo tiene que ver el factor estructural de la obra de ingenieria que son los tuneles. La vibracion de miles de carros que los atraviesan cada dia tiene un mayor efecto mientras mayor sea la velocidad de los vehiculos. Es decir, si queremos tener tuneles para rato, tenemos que cuidar nuestra velocidad. Y bueno, la norma de no cambiarse de carril tiene que ver con el monitoreo, para poder controlar la velocidad del carro X, este tiene que seguir el mismo trayecto durante todo el recorrido, de modo que se pueda calcular e identificar a los que estan pasandose del limite.

Desde que se impuso la norma traté de respetarla, pero, claro, solo he ha hecho costumbre general desde que los patrulleros empezaron a esperar a los conductores en la salida de cada tunel. Mi carro ha sido detenido dos veces, las dos por error. En la primera ocasion a mi esposo lo multaron, ya que no habia otro motivo para hacerlo, por no tener puesto el cinturon de seguridad. (Que ya era hora que le pase, y desde entonces lo usa. No sirvieron mis argumentos de seguridad, tenia que venir un vigilante a obligarlo). En la segunda yo estaba sola y el vigilante enseguida acepto que se habia equivocado de auto. Eso, si, desde la primera oportunidad, el punto para apagar las luces ha cambiado de la abertura del tunel al sitio de control de los vigilantes.

Me fascina ir dentro del tunel, controlando la velocidad del carro. Siento que se vuelve un ejercicio de autocontrol, una experiencia de disciplina. No me importa que el unico estimulo que funcione sea el negativo, el de que los vigilantes PUEDAN estar esperando afuera con el castigo de una citacion o, para muchos, el pago de una coima. No me molesta que el trayecto se haya vuelto un poco mas lento y que esa pista de carreras que eran los tuneles se convirtiera en una cuasi procesion. Pienso que el ejercicio es valido para (ojalá) moldear la mente de los guayaquileños hacia el orden y el respeto, hacia saber que se debe y puede respetar una norma dada por argumentos validos. De ahi a saber que la basura NO SE BOTA por la ventana, que no se escupe en la vereda, que los niños (y los adultos) pueden aguantarse las ganas de hacer pipi hasta encontrar un lugar donde hacerlo, que la calle se cruza en la esquina, creo, aspiro, confio, hay un paso. ¿Optimista? Siempre.


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